A ti, quienquiera que seas, Magdalena
He visto las lágrimas de la Magdalena
llorando una a una sus pasadas penas
esperando el calor, la Luz del mañana
que su corazón alumbra, limpia y sana.
He visto a la mujer, su rostro enamorado
cruzándose con el del Hombre Amado
y por primera vez su alma en lo profundo
encontró lo que no halló jamás en el mundo.
Ha descubierto en Aquel el hombre verdadero
luego de buscarlo en el universo entero
por fin Magdalena su alma desnuda
se ha entregado toda, sin ninguna duda.
Quiere ella sanar con aquel fuego ardiente
con el gran fulgor del Dios viviente
las heridas de tiempos remotos
que aún viven en silencioso alboroto.
La he visto traspasada por Su mirada,
la tierna saeta de fuego lanzada,
le ha jurado, le ha reclamado Amor Eterno
y elevar su plegaria como sacro incienso.
He visto las lágrimas de la Magdalena
llorando una a una sus pasadas penas
esperando el calor, la Luz del mañana
que su corazón alumbra, limpia y sana.
He visto en sus ojos el gozo de su nuevo Amor
es que la consume, le quema adentro ese ardor,
eso es todo lo que anhela y le ha pedido a Él:
no abandonarle y poderle ser por siempre fiel.


